Dicen que el conocimiento, al igual que una casa, hay que
empezarlo por los cimientos, porque si no se cae todo. ¿Pero dónde empiezan
esos cimientos? ¿En nuestros futuros alumnos o en nosotros mismos? Ahora más
que nunca se nos exige que cambiemos la forma de enseñar para formar a personas
más competentes y capacitadas para lo que les espera, sin embargo, no se
predica con el ejemplo.
- ¡Tenéis que desarrollar en vuestros alumnos el aprendizaje significativo!... pero yo te pido que memorices todos mis apuntes.
- ¡Lo de hacer examen es algo anticuado, buscar otras formas de evaluar!...pero yo necesito tener un examen con el que ponerte una nota y en el que te juegas gran parte de ella.
- ¡Las clases magistrales no funcionan!... pero de momento, las mías las escuchas.
- El trabajo cooperativo es una de las formas más completas para aprender, no lo veáis como un problema… pero para hacer mis trabajos quedáis fuera de clase.
- Integrar las TICs en educación, pero de forma innovadora… pero yo te proyecto en un power ponint los mismos apuntes que tienes en papel encima de la mesa.
Estas son algunas de las cosas que oímos continuamente,
sabemos cómo hacer las cosas en la teoría, pero a penas las practicamos en las
aulas. Entonces, ¿en qué momento vamos a empezar a construir esos cimientos?
¿No sería una buena forma que esas personas que nos dicen como tenemos que
hacerlo lo lleven a la práctica? Y es que, todos nos sabemos muy bien la teoría
pero el problema viene cuando intentamos llevarla a la práctica, y ante esas
complicaciones, decidimos dejarlas para la generación siguiente.
Haz lo que yo diga,
pero no lo que yo haga.
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